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viernes, 6 de enero de 2017

José Alcubierre, el niño de Mauthausen

En noviembre, hablamos en este blog del fallecimiento de Marcos Ana, el preso político español que más tiempo ha estado encarcelado: 23 años estuvo preso por sus ideas políticas y por defender la democracia contra los golpistas de Franco.

Esta noche de Reyes ha muerto JOSÉ ALCUBIERRE.





Nació en Barcelona, en 1925.

En febrero de 1939, ante el ya imparable avance de las tropas franquistas, José y sus padres huyeron a Francia. Allí fueron recluidos primero en el campo de refugiados de La Combe Aux Loups y, finalmente, en Les Alliers, un recinto situado junto a la localidad de Angulema. Fue en este lugar donde les sorprendió la invasión alemana de Francia.

José y su padre, Miguel, fueron enviados al campo de Mauthausen, en Austria, en agosto de 1940. José tenía entonces 15 años. Allí les pusieron un brazalete azul, que significaba "apátrida", sin patria (los alemanes llamaron a España porque no sabían qué hacer con los deportados españoles y Franco les dijo "haced lo que queráis, no son españoles").
Su padre fue llevado a trabajar a la cantera de Gusen, donde fue asesinado.

Las tropas de EEUU liberaron Mauthausen un 5 de mayo de 1945. De las más de 100.000 personas exterminadas, cerca de 7.000 eran españolas.





"Estuvimos tres días viajando sin comer. Cuando llegamos nos tuvieron siete horas encerrados, nos bajaron y le dije al SS con los dedos que tenía 14 años. En realidad tenía 15, me quité uno, pero dio igual. Me empujó camino de la cuesta que llevaba al campo. Allí, lo primero era desnudarnos y, aunque era verano, después de la ducha fría estábamos helados. Luego nos rapaban el pelo de todo el cuerpo, incluidas las partes, y nos rociaban para desinfectarnos", recordaba él mismo en una entrevista.



En este vídeo, el periodista Gonzo, de El Intermedio, habló con José Alcubierre




LEER LA NOTICIA COMPLETA

José volvió a Angulema, en Francia, allí rehízo su vida, se casó y formó una gran familia. Durante siete décadas recibió diversos reconocimientos y reparaciones por parte de Francia y Alemania. El último de ellos fue, a la vez, el más importante: en marzo del 2016 fue declarado Caballero de la Legión de Honor francesa. Un título que recibió con una sensación agridulce, porque ponía aún más en evidencia el olvido al que le había sometido su patria. España le ignoró a él, a su padre y los más de 9.300 españoles y españolas deportados a los campos nazis. 

José Alcubierre, junto con otros compañeros como Francesc Boix (en la imagen, el que lleva la cámara), pudieron sacar negativos con fotografías hechas en el campo. En los momentos finales de la guerra, el joven Alcubierre participó en una operación secreta, liderada por el prisionero catalán Francesc Boix, para sacar del campo las fotografías que probaban los crímenes cometidos por los SS. Jesús Grau, Jacinto Cortés y José Alcubierre, tres deportados españoles, se jugaron la vida para poner a buen recaudo decenas de negativos y copias. Tras la guerra, esas fotografías serían exhibidas en Núremberg, durante el juicio a que fueron sometidos los principales dirigentes del III Reich. José es el que está al fondo, a la derecha).



(una de las fotografías de Francesc Boix)

martes, 27 de septiembre de 2016

ISAAC BOROJOVICH: SUPERVIVIENTE DEL HOLOCAUSTO NAZI

Hoy, martes 27 de septiembre, he tenido la inmensa suerte de poder asistir a la Jornada de Presentación del Proyecto Sohá que se ha celebrado en el CRIF Las Acacias, en Madrid.



Todavía resuena en mis oídos la voz emocionada, vibrante y firme de este superviviente del Holocausto. Un testimonio duro pero emocionante de alguien que pasó por seis campos de concentración hasta su liberación, en Bergen-Belsen en 1945, el mismo campo donde murió Anna Frank, pero que no ha perdido la sonrisa ni el sentido del humor.  Isaac Borojovich aún puede narrar con brillo en los ojos y la voz admirablemente serena lo que vivió en esos campos de exterminio, sin duda, algo que ningún ser humano debió ver nunca.


Isaac nos pide a los maestros/as que no olvidemos y que ayudemos a transmitir a nuestros niños y jóvenes la verdad de lo que pasó para que no vuelva a repetirse. Porque no olvidemos que fueron hombres, seres humanos como nosotros, los que cometieron tales atrocidades, los que exterminaron a unos 6 millones de judíos,  legándonos para la Historia de la Humanidad una de las páginas más abominables y vergonzosas que se puedan escribir jamás. 

Afortunadamente,  contamos con algunas voces de hombres, mujeres y niños que sobrevivieron al horror y son hoy un ejemplo y un referente a los que debemos todo nuestro respeto y atención.  Todos, como ciudadanos, como demócratas, como seres humanos tenemos una deuda con ellos y, como educador, siento que tengo la responsabilidad compartida de dar voz a los que algunos siempre quisieron callar y de luchar contra el silencio y la indiferencia.  

Como ya dije en otro momento (con el drama humanitario de los refugiados) la escuela no puede ser neutral: ante la injusticia y la desigualdad hace falta una escuela comprometida con los valores de la tolerancia, la justicia social y los derechos humanos. 

                                     (fuente: la crónica.com )




Isaac nació el 15 de agosto de 1927 en Svir, Polonia. Su padre, Israel Zlotejablko, era un comerciante que trabajaba la fruta y el cuero. "Cuando vino la guerra mi padre bajó muchísimo su fuerza. Yo tuve que encargarme de traer la comida a casa. Y para eso me tenía que escapar. Me escapaba 20 veces igual". De las 30 personas de su familia sólo sobrevivieron a la guerra él y su madre, Sprintze Buskaniec. Siempre fue consciente de lo que vivía: solo pensaba en sobrevivir y en aportar a los suyos. "Cuando mi pueblo se transformó en un gueto conseguí trabajo en una cantina de alemanes. Yo cortaba leña y traía las sobras a casa".

Entre 1942 y 1944 Isaac pasó por dos guetos —Michaliszki y Vilna— y seis campos de concentración: Viivikonna, Vaivara, Ereda, Stutthof, Dormettingen y, finalmente, Bergen-Belsen. Él siempre tuvo claro que para sobrevivir había que conjugar fortaleza y astucia. En los guetos se volvió experto en lustrar botas militares de los alemanes usando cepillo y franela, sin pomada. "En una oportunidad, en Vaivara (Estonia), salvé mi vida escondiéndome en un pozo negro. Una noche nos hicieron formar en una de las plazas. Me imaginé que nada bueno podía pasar. Le dije a mi padre: Me quiero escapar. Y él me respondió que me iban a matar. Mi mamá, que me apoyaba siempre, me dijo: 'Hacé lo que te diga tu corazón'. Me escapé y me metí hasta un pozo negro que había cerca. Estuve cuatro o cinco horas sumergido hasta los ojos pero con los brazos hacia arriba, para no hundirme. Cuando sentí que ya no había barullo, salí. Y vi que a todos los niños de mi edad se los habían llevado". Sufrió fiebre tifoidea, pero siguió vivo.

Isaac apeló a todos sus recursos para sobrevivir al invierno sin comida ni abrigo. "Una noche, en Ereda, debí dormir a la intemperie con 23 o 24 grados bajo cero. ¿Cómo no me congelé? De niño tenía un librito que decía que los esquimales para protegerse del frío hacen un pozo en la nieve y se tapan con ella. Lo hice y fui de los pocos que no se congelaron". Aquí vio a su hermana por última vez, partiendo en un camión hacia —lo supo luego— Auschwitz. En Bergen-Belsen, un recluso veterano le advirtió que allí nadie sobrevivía más de dos o tres semanas. Isaac superó los cuatro meses. "Allá nos acostábamos en el piso 20 o 30 personas y la mitad no se levantaba. No mataban a nadie, pero al parecer nos envenenaban la comida con vidrio molido. Cuando entraron las fuerzas inglesas había 15 mil cadáveres tirados por todos lados".

Seis días antes de la liberación vieron que estaban arribando mujeres a ese campo. "Me acerco hasta los alambrados y ahí aparece mi madre. Hacía más de un año que no nos veíamos. Ella no me reconoció, estaba muy flaco, pero yo sí a ella. Y cuando nos liberaron yo buscaba ropa, comida y a mi mamá. A los tres días no pude más: me quedé tirado en una de las calles del campo. Pero ella me encontró. Yo le dije: Menos mal que te encontré antes de morir, te quería ver. Un médico que me revisó dijo que clínicamente tenía que estar muerto. Tenía disentería pero también mucha voluntad, por eso sobreviví".